Maratón de New York 2010, mi número 25°

El 07 de noviembre de 2010, participé por tercera vez desde 1998 en el Maratón de New York (MNY), pero a diferencia de las dos experiencias anteriores y de los tiempos realizados (3:15 y 3:18), en esta edición viví uno de los momentos más sufrido y extenuante en un 42k, quizás también, por el afán de querer llegar a la meta lesionado e inclusive sin medir las consecuencias que esta decisión podía acarrear; sin dudas que fue una odisea desagradable que quedará como aprendizaje y para el recuerdo.


Hoy han transcurrido cuatro meses de haber participado en este maratón, y, después de haber completado veinticinco 42k, en esta oportunidad y por primera vez estuve a punto de abandonar la carrera, y no porque me faltaran fuerzas o entrenamientos, sino porque lamentablemente sufrí una de las lesiones más temida por los corredores (PERIOSTITIS TIBIAL)


Ese día al cruzar la meta fueron muchos los pensamientos que pasaron por mi mente, y a pesar que había logrado conquistar mi medalla N° 25, esta se había convertido en la más sufrida en comparación con todas las anteriores, de igual forma sentí el doble de emoción y satisfacción, y


Definitivamente, con el tiempo he aprendido que cada 42k es diferente, que ninguno se parece en lo absoluto, que son impredecible, que cada 42k es un camino estratégico diferente de principio a fin y que en algunos casos la voluntad, la persistencia y la intención no son suficiente, pues existe un enemigo que es común para todos los corredores llamado LESIÓN, que desafortunadamente te puede dejar afuera antes de cruzar la meta, antes de llegar a la línea de salida e inclusive el riesgo de sufrir una lesión en plena carrera. Todas estas son realidades que están latentes , en mi caso, no he sido la excepción, sin dudas que es algo que ningún maratonista desea, y es que pienso que lo peor que le puede pasar a un corredor, que ha entrenado para un 42k, es lesionarse en plena carrera y no poder llegar a la meta.


Sin embargo, y a pesar de todo el Maratón de New York, sigue siendo uno de esos 42k que no importa lo que te pase o el tiempo que hagas, igual se disfruta del ambiente a plenitud, en definitiva, participar en este maratón es realmente una de esas cosas fascinantes y maravillosas que todo corredor debe hacer en algún momento en su vida, es imposible no dejarse contagiar con el entusiasmo, la energía y la emoción por parte de todos los que tenemos algo que hacer aquí, además del ambiente festivo que se vive en la ciudad.


A continuación les comento un poco de mi experiencia N° 25:


Ese día me levanté a las 5 am y después de un desayuno arranque para Staten Island, y a diferencia de las dos participaciones anteriores, esta vez el transporte fue por ferry, por cierto nada práctico, primero: porque tienes que utilizar muchos medios para poder llegar a los corrales (metro -bus-ferry-bus), segundo: el frío que se siente a esa hora en cada transbordo es matador y tercero: las colas de gente son muy largas y cansonas; además, en todo este trayecto transcurren aproximadamente más de dos horas, y como aditivo especial ese día se les ocurrió cambiar el acostumbrado horario de invierno en esta época, atrasando una hora sin notificarles a los corredores mediante una campaña informativa efectiva, así que, los que no nos enteramos, la salida se extendió una hora más de innecesaria espera. En ese sentido y considerando que aún faltaban más de tres horas para la salida, decidí comerme un bagel, café y gatorade .


La salida del maratón se dio en tres mareas, a mi me tocaba la primera y mi corral era el séptimo, por cierto del frío que hacia los últimos 45 minutos los tuve que pasar sentado y arrinconado en la grama del corral cubriéndome con una manta y un plástico, luego y a medida que comenzó la movilización de los grupos, nos fueron dirigiendo los corredores hasta el Puente Verrazano, todo iba muy bien, la adrenalina a millón comenzaba hacer su trabajo, justo en ese instante me tomé un PRIME 01 de Gatorade de la serie G, los sentidos estaban hiperactivos y la mente más clara que nunca. En ese punto compartí un rato con los venezolanos Gabriela Martínez y Pedro Fenjves, quienes iban con muy buenas expectativas 3:45 y 3:15, respectivamente, en mi caso la estrategia era correr a un paso que me permitiera lograr 3:30, sobre todo considerando que tan solo había entrenado siete semanas.


A las 10 y 20 después de escuchar el himno de los EEUU y la canción New York New York de Frank Sinatra, se dio la partida con el acostumbrado cañonazo, los primeros dos kilómetros de este maratón tienen un perfil de ascenso atravesando el puente Verrazano, el cual nos llevará a Brooklyn, los primeros 10 km me sentí excelente, era tal la energía y el entusiasmo que conscientemente intentaba aguantarme para evitar dejar llevarme por la euforia que se siente en ese momento, y a pesar que tenía pensado correr cada kilómetro en 5 minutos, los primores cinco y diez kilómetros salieron en 23:29 y 47:09, casi que a un paso sostenido de 4:43 min por km.


Desde este momento me dediqué a disfrutar del ambiente, de los paisajes y de la carrera, el tiempo pasaba y ya había alcanzado los primeros 15 km los cuales se coinvertían rápidamente en 20 km, los tiempos logrados fueron 1:11:04 y 1:35:21, respectivamente, y a un paso promedio de 4:49 min/km, justo en este kilómetro fue donde comencé a sentir una leve molestia en la tibia, más cerca del tobillo que de la rodilla (justo en la espinilla) y a pesar de que el dolor se mantenía latente me permitió mantener el mismo paso. Al pasar la media en 1:40:48, me sentí súper contento ya que había sostenido el mismo paso y las cosas iban mejor de lo esperado, además que iba con holgura para la segunda mitad de la carrera.

En los siguientes tres km el dolor de la pierna se hacía cada vez más insoportable, hasta el punto que en el km 24 me detuvo violentamente por completo, desde acá comenzó la pesadilla, no tuve más remedio que seguir caminando muy despacio, pensando en donde podía retirarme sin mayor dificultad, ya que este km coincidía justo dentro del puente, por lo que, al llegar al km25, intente retomar el trote, más sin embargo entendí que la cosa era grave, que el dolor no me permitía ni siquiera trotar suavemente, así que al salir del puente me senté en una de las aceras a meditar y a reflexionar sobre que decisión debería tomar, ahí duré como 15 minutos y debido a que me estaba congelando decidí retomar la caminata hasta el puesto de auxilio más cercano a ver si podían hacer algo por mí, recuperarme y ver si podía retomar de nuevo la carrera sin importar el tiempo que haría, al llegar al km 30 en 3:07:59, a aun paso de 13 minutos por kilometro, y al percatarme que no conseguía lo que buscaba, me puse a pensar ¿qué haría?, me senté otro rato, y al pararme e intentar trotar de nuevo, me lastimé la pierna más de lo que podía imaginarme, ahí la molestia rebasó mi umbral del dolor.


Así que, me senté nuevamente en la acera a reflexionar que tan lejos estaba la llegada, para distraer un poco el dolor, me sentí tal cual como un espectador, algo que nunca antes había hecho, por cierto, que agradable es estar en el recorrido de un maratón como espectador y ahora lo recomiendo mucho más jejejeje, es algo divertido, hermoso y emocionante el poder compartir al lado de tanta gente aupando con pancartas, letreros y banderas a todas las personas, se siente la energía. Después de 15 minutos de estar ahí sentado, me puse a pensar que tan sólo faltaban 12 km y que si desde el km 24 hasta acá me había echado más de una hora, probablemente podía echarme más de dos horas y medias más hasta la meta. Al entrar a la primera avenida el dolor era insoportable hasta el punto que casi arrastraba la pierna, gracias a DIOS me conseguí un mexicano que se detuvo a preguntarme que me sucedía, ofreciéndome dos ibuprofenos de 500 mg, al cual accedí felizmente, durante este recorrido la gente me aupaba y me animaba a continuar la carrera, sólo que ninguno de ellos se podía imaginar el inmenso dolor que me acompañaba y que se había apoderado de mi pierna.


Después de descansar otro buen rato en el km 35, la mente comenzaba a autosabotearme y a pesar de que faltaba menos por recorrer, estos últimos kilómetros se sintieron muy pero muy pesados y exigidos, el hecho de caminar en subida hacia que el dolor se acrecentará, además que la mecánica implementada al caminar cojeando me originó un dolor extra en la cadera, sin embargo estaba decidido a ir en busca de la conquista de mi medalla N° 25, así que seguí encaminado hacia la meta.

Al llegar al Central Park, me doy cuenta, que cada vez, observo el cronómetro con más frecuencia, que los minutos tardan más en llegar, las cuadras se hacen más largas y el horizonte se ve nublado. Al ver el crono que marca más de cinco horas y media y que aún no llegó al km 40, en ese instante, me entra como una desesperación, golpeándome la mente constantemente con pensamientos para que abandone, producto de la molestia y el dolor que me invaden, sin embargo trato de tranquilizar mi mente pensando que después de haber realizado ese inmenso esfuerzo, a esa altura, no vale la pena darse por vencido. A esta altura del trayecto me conseguí a mi cuñada Jailyn y a Reinaldo con Miguelangel, lo cual hizo que me detuviera un poco a descansar el dolor y a llenarme de ánimo ante la presencia de mi hijo lo cual fue muy motivador para mí. Asimismo fueron muchos los venezolanos que pasaron por mi lado animandome, dándome una palmada de aliento e invitandome a acompañarlos hasta la meta, esos gestos me ayudaron muchísimos en estos últimos kilómetros.


De repente veo al fondo la línea de llegada, van seis horas y la llegada está cerca, a unos cientos de metros, y de algún lugar desconocido intento vencer el dolor y sacar fuerzas y energía de donde no las tengo para poder llegar a la meta, al llegar levanto mis brazos y mirando al cielo agradezco a DIOS y a la vida por haberme permitido acabar con esta odisea, sintiendo una inmensa emoción y satisfacción, tan grande que algo me decía “Ramón, al final valió la pena”, pasando la meta en 6 horas 6 minutos 23 segundos (06:06:23), sin dudas que en este 42k superé limites.


Hoy miro para atrás por el retrovisor y no puedo evitar sonreír, que alegría me da haber completado en esas condiciones mi maratón N° 25, que gratificante es alcanzar otro sueño de los tantos anhelados…. que emoción me aborda en este momento y gracias a DIOS la mente no tiene capacidad para guardar los dolores, al final todo pasa y la vida continúa.


Pronto, DIOS mediante estaré de regreso para seguir experimentando una de las pasiones que más me llena en esta vida como lo es correr 42 kilómetros.

2 comentarios:

  1. Esos últimos kms han tenido que ser muy duros. Nuestras ganas de ser finisher son más fuertes que nuestro umbral de dolor. Estoy apuntado a NY para 2013, tomo nota de tus comentarios. Un saludo desde España.

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  2. Siento envidia sana. Se nota que lo disfrutaste. Saludos.

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